Hace unos días, desde su iniciativa en las redes, el equipo de Publicoscopia me sugirió un artículo sobre la supuesta reforma de Gallardón sobre la ley del aborto.
Previamente, me habían hecho una entrevista que se puede leer aquí.
Este fue el artículo que me publicaron, en su web.
En el principio era el verbo, y según propias palabras, el PP, volvería, en el tema del aborto, a la ley de supuestos del 1985.
Nunca he entendido esa manía de los partidos conservadores por volver siempre, como mal menor, a leyes anteriores. Una postura que no es más que el reconocimiento implícito, de que, pese a “inalterables” y supuestos principios morales, hay que hacer concesiones, porque la sociedad española ya tenía aceptada esa ley, desde la que ha llovido la friolera de 26 años.
Olvida el PP, en sus planteamientos, que en una ley de supuestos, en el tema del aborto, lo primero que se admite es aceptar un modelo legislador restrictivo en el que el Estado decide sobre nuestros cuerpos, nuestros destinos y nuestra propia ética y conciencia.No quiere tampoco aceptar que la evolución de la sociedad nunca para, las posturas conservadoras solo la pueden retrasar, y es una verdadera superación y avance de la anterior legislatura, la ley de 2010, la actual ley de plazos, basada en razones biológicas, que podrán o no aceptarse, pero no en razones éticas o morales, que aceptadas o no, no pueden, en absoluto, imponerse. Una ley, que además nos enlaza con nuestro entorno europeo en esta materia, (24 países europeos tiene una legislación en materia de aborto de ley de plazos).
Pero parece que a la derecha solo le interesa igualarse con Europa en el control del déficit, en el desmantelamiento de lo público y la liberalización de los mercados; para temas de derechos civiles, que el estado decida sobre las conciencias. Sostenía Peces-Barba que el aborto es siempre un mal porque acaba con un germen de vida pero que la ley debe regularlo porque ponderando bienes y males en juego, si no lo hace, acarrea males mayores. Lo que viene a decir que a nadie le gusta el aborto pero haberlo, lo va a haber, porque existe, independientemente de consideraciones de todo tipo, la posibilidad física de llevarlo a cabo.
Así es, aunque el señor Gallardón parece no admitirlo, solo las mujeres pueden tener la posibilidad de abortar, y solo se pide la protección que proporciona un entorno médico y legal que permita hacerlo con todas las garantías.
Solo se pide que se pueda decidir según la propia conciencia, desde la propia, e individual, disposición personal hacia la maternidad. Así mismo, se pide que no se obligue, en ningún sentido, a tomar una u otra decisión al respecto y que las leyes garanticen tanto una como otra, sin importar para ello la confesión moral o religiosa del legislador, ni sus opiniones personales sobre lo que es ser mujer o sobre el acierto de las variadas realizaciones personales.
Dice el Diccionario de la RAE que reformar es modificar algo, por lo general con la intención de mejorarlo, entiendo que la llamada reforma que planea emprender el ministro de justicia, no puede ser pues entendida como tal, siquiera sea en el sentido histórico del término y, puesto que no va a derogar la ley, verdadera postura del sector ideológico al que realiza el guiño legislativo, todo lo demás no hará sino menoscabar la ley actual, que viene funcionando con normalidad desde que se redactó.
Lo mismo que en su día se agarraron al clavo ardiendo de la edad a partir de la cual las mujeres podrían decidir sobre su maternidad, de igual manera se ha sacado ahora a pasear el tema de las malformaciones del feto, negándolo como posible causa de la interrupción de un embarazo.
Teólogos progresistas y cristianos de base han acusado al pío ministro, al titular de Justicia, al señor Gallardón, de ser correa de transmisión del integrismo católico y se rebelan contra un proyecto que, a su juicio, arrebata a las mujeres sus derechos sexuales y reproductivos y es "inmisericorde e "inhumano" con las personas que vendrán al mundo con graves malformaciones. Y con sus madres, a las que se les obliga y priva del derecho a decidir. (Sic.)
En efecto, no solo el derecho a la vida alumbra las confesiones de a quienes se dice dedicar esta regresión de la ley, sino también la compasión y la misericordia están en el mismo decálogo.
En este torbellino regresivo, en este auténtico túnel del tiempo en el que el gobierno del PP parece empeñado, hasta dejar irreconocible, en derechos y en bienestar, la sociedad española, ha reaparecido el señor Cotino que se ha apresurado a incendiar el debate insistiendo en que con respecto a las mujeres que decidan abortar, considero que debería ser obligatorio que vieran una ecografía de su hijo antes de decidir. (Sic.)
A las mujeres, a través de la historia, se nos ha insultado, marginado, invisibilizado y despreciado de muchas maneras, pero amenazar con la utilización obligatoria de un método de diagnóstico, para culpabilizar en el momento de una decisión que, de por si, ya supone un alto desgaste emocional; eso raya en un refinamiento, de casi tortura, digno de las más freudianas pesadillas.
Y ya que la tropa derechona, está tan dispuesta a hacernos volver atrás, no queda más que añadir algo que, gracias a sus eminencias legislativas, vuelve a ser actual: ¡Nosotras parimos, nosotras decidimos! ¡Así de real, así de duro!